La Organización Mundial de la Salud identifica la obesidad como la presencia de grasa corporal anormal o excesiva que puede afectar negativamente la salud. En Estados Unidos, más de un tercio de los adultos padecen esta afección, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Los CDC utilizan el índice de masa corporal (IMC), una cifra que se calcula dividiendo el peso de una persona en kilogramos por el cuadrado de su altura en metros, para evaluar la obesidad. Un IMC de 30 o superior se encuentra dentro del rango de obesidad. Sin embargo, si bien el IMC es una métrica de detección preliminar útil, tiene sus desventajas. La OMS enfatiza que el IMC es una herramienta básica y no considera variaciones individuales más profundas.
¿Por qué la obesidad se clasifica como una enfermedad?
La OMS reconoció por primera vez la obesidad como una enfermedad en 1948. En Estados Unidos, la Asociación Médica Americana (AMA) hizo lo mismo en 2013. Esta clasificación es crucial porque redefine la obesidad, que pasa de ser considerada un estilo de vida a ser tratada como una condición de salud compleja. Históricamente, la obesidad ha estado rodeada de estigma, y muchos —incluidos los profesionales de la salud— creen que es simplemente el resultado de comer en exceso y la inactividad. Sin embargo, reconocerla como una enfermedad revela que sus orígenes son multifactoriales, e involucran la genética, las influencias ambientales y los mecanismos biológicos. Además, la obesidad influye en el desarrollo de más de 236 afecciones médicas, incluidos 13 tipos de cáncer.
Reconocer la obesidad como una enfermedad abre el camino a una investigación seria sobre estrategias de prevención y tratamiento. Valida la necesidad de intervenciones estructuradas como la terapia conductual, el tratamiento médico, la planificación dietética y, en ocasiones, la cirugía. Es importante destacar que indica que el control sostenido del peso suele requerir más que solo fuerza de voluntad o cambios en el estilo de vida. También subraya la necesidad de un trato compasivo y respetuoso: las personas con obesidad deben recibir la misma atención que quienes padecen enfermedades cardíacas o hipertensión. De hecho, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos (USPSTF) recomienda que los adultos se sometan a pruebas de detección de obesidad y, de ser diagnosticados, se les ofrezcan programas intensivos de intervención.
¿Qué causa la obesidad?
La obesidad se produce cuando el exceso de grasa se acumula en el cuerpo hasta el punto de perturbar la salud normal. Numerosos factores pueden contribuir a esta afección:
- Influencia genética: Las investigaciones sugieren que entre el 40 % y el 70 % del riesgo de obesidad puede ser hereditario. Miles de genes están vinculados al riesgo de obesidad, y ciertas mutaciones genéticas pueden causar directamente la enfermedad. Sin embargo, una predisposición genética no significa que una persona esté destinada a padecerla.
- Factores dietéticos: No todas las calorías tienen el mismo efecto en el organismo. El consumo elevado de carbohidratos procesados y grasas no saludables contribuye significativamente a la acumulación de grasa.
- Desequilibrios hormonales: La resistencia a la insulina, una afección en la que el cuerpo tiene dificultades para regular el azúcar en sangre, aparece con frecuencia en personas con obesidad, lo que pone de relieve el papel de las vías metabólicas alteradas.
- Medicamentos recetados: Muchos medicamentos están relacionados con el aumento de peso, incluidos aquellos que se utilizan para tratar la depresión, la diabetes, las convulsiones, las alergias, la presión arterial alta y los problemas de sueño.
- Condiciones ambientales: Los hábitos familiares, los antecedentes culturales y el vecindario o el acceso a alimentos saludables pueden influir mucho en el aumento de peso.
- Patrones de sueño: Tanto la falta como el exceso de sueño se asocian con la obesidad. Además, trastornos como la apnea del sueño, a menudo agravada por la obesidad, alteran la calidad del descanso, creando un ciclo.
Enfermedades asociadas con la obesidad
Las investigaciones actuales indican que la obesidad puede acortar la esperanza de vida hasta ocho años. Está vinculada a más de 236 afecciones, entre ellas varios tipos de cáncer, enfermedades metabólicas y cardiovasculares, y problemas de salud mental.
- Cáncer: La inflamación y los cambios hormonales relacionados con la obesidad crean condiciones que favorecen el desarrollo del cáncer. Las células grasas pueden liberar sustancias inflamatorias y hormonas que impulsan el crecimiento celular anormal. Un estilo de vida más saludable, que incluye una mejor nutrición y mayor actividad física, puede reducir estos riesgos. Trece tipos de cáncer estrechamente relacionados con la obesidad incluyen:
- Cáncer de mama posmenopáusico
- cáncer colorrectal
- Adenocarcinoma de esófago
- Cáncer de vesícula biliar
- cáncer de riñón
- cáncer de hígado
- Meningioma
- Mieloma múltiple
- cáncer de ovario
- Cáncer de páncreas
- cáncer de tiroides
- Cáncer de estómago (superior)
- Cáncer de útero
- Diabetes tipo 2: Una gran mayoría de personas con diabetes tipo 2 también padecen obesidad. La resistencia a la insulina, un signo temprano de diabetes en el futuro, suele aparecer en personas con alto porcentaje de grasa corporal, lo que provoca niveles elevados de azúcar en sangre y, en última instancia, diabetes.
- Apnea del sueño: Afecta a aproximadamente el 20% de los estadounidenses y se caracteriza por pausas en la respiración durante el sueño. El riesgo aumenta con un IMC más alto y una mayor circunferencia del cuello. El exceso de grasa restringe el flujo de aire, colapsando las vías respiratorias y alterando los patrones respiratorios, lo que provoca fatiga y otros problemas de salud graves.
- Hipertensión: La presión arterial alta se ve directamente afectada por el sobrepeso. El Estudio del Corazón de Framingham demostró que hasta un 28 % de los casos de hipertensión se deben al sobrepeso o la obesidad. Bajar de peso suele reducir la presión arterial, lo que disminuye la necesidad de medicamentos.
- Depresión: Las personas con obesidad enfrentan un riesgo significativamente mayor de depresión; algunos estudios indican un aumento del 20 % al 44 % en la probabilidad. Síntomas como falta de energía, sueño irregular y sobrealimentación suelen ser comunes a estas afecciones.
Datos sobre la obesidad
En 2014, la obesidad costó a la economía estadounidense 1,42 billones de dólares, lo que representa más del 14 % del gasto sanitario, y contribuyó a aproximadamente 320 000 muertes. Una persona con un IMC superior a 40 que consiga perder tan solo el 5 % de su peso puede ahorrar más de 2000 dólares anuales en gastos sanitarios.
La obesidad es actualmente la enfermedad crónica más extendida en el país. Según los CDC, casi 93,3 millones de adultos en EE. UU. padecían obesidad entre 2015 y 2016. Se prevé que, en unas décadas, la mitad de los adultos estadounidenses la padecerán.
La educación también influye: un mayor nivel educativo se relaciona con un menor riesgo de obesidad. Las personas con un IMC muy alto pueden perder hasta 8 años de esperanza de vida, un impacto similar al del tabaquismo intenso.
Preguntas frecuentes
¿Qué opciones de tratamiento están disponibles para controlar la obesidad?
La obesidad se trata mejor con una estrategia multidimensional basada en la evidencia, que consta de cuatro elementos fundamentales: control dietético, actividad física, modificación del comportamiento y medicación. Los planes de tratamiento son personalizados. Por ejemplo:
- La nutrición puede implicar planes de alimentación estructurados, porciones reducidas y evitar ciertas categorías de alimentos.
- Los programas de ejercicio pueden comenzar con actividades básicas como caminar y progresar a medida que la persona se vuelve más activa.
- La terapia conductual incluye prácticas de alimentación consciente y la identificación de señales que inducen a comer y no a estar hambrientas.
- Los especialistas pueden introducir medicamentos aprobados específicamente para la obesidad cuando los cambios en el estilo de vida por sí solos no son suficientes.
¿Cómo se clasifica la obesidad?
La obesidad se divide en tres categorías según el IMC:
- Clase 1: IMC de 30 a 34,9
- Clase 2: IMC de 35 a 39,9
- Clase 3: IMC superior a 40
Aunque su uso está ampliamente extendido, el IMC no tiene en cuenta la distribución de la grasa corporal ni las diferencias entre grupos étnicos, lo que puede limitar su eficacia a la hora de evaluar los verdaderos riesgos para la salud.
¿Qué tan rápido debería ocurrir la pérdida de peso?
Una pérdida de peso saludable es de aproximadamente 1 a 2 libras por semana. Aunque puede parecer lenta considerando el esfuerzo que implica, una pérdida gradual y sostenida tiene más probabilidades de ser duradera. Si bien algunos programas estructurados pueden acelerar este proceso de forma segura, las dietas rápidas rara vez ofrecen resultados duraderos. El objetivo es adoptar hábitos sostenibles que favorezcan el bienestar a largo plazo, idealmente bajo supervisión médica.